diseño tiendas virtuales - tiendas online - tubos led - prestashop - iluminacion led - tiendas prestashop - hosting prestashop - diseño web prestashop - diseño tiendas online - servidores prestashop - bombillas led - desatrancos avila - tiendas virtuales - desatrancos segovia - guardería santo angel - guardería ronda sur - guardería barrio del progreso - guardería algezares - guardería el palmar - psicología infantil murcia - psicólogos murcia - tiendas online madrid - psicopedagogía murcia - psicología adolescentes murcia - diseño tiendas online barcelona - psicología adultos murcia - logopeda murcia - psicología murcia - diseño tiendas online - desatranques granada - diseño tiendas online barcelona - diseño tiendas online madrid - diseño tiendas online sevilla - desatascos granada - desatascos murcia - desatascos cadiz - desatoros malaga - desatrancos murcia - desatascos segovia - desatascos motril - desatascos alicante
16
marzo
2011

Rituales para enseñar a dormir

Los rituales son actos que se realizan siempre de la misma forma. Cuando se refieren a la hora de dormir, tienen como finalidad ayudar al niño en el tránsito de la vigilia al sueño.

Para algunos niños, irse a dormir significa separarse de sus padres y quedarse solos en la oscuridad. Los rituales contribuyen a dar seguridad al niño: son repetitivos y, al ser compartidos con sus padres, les facilitan esa pequeña despedida de cada noche.

Cada familia puede desarrollar algún ritual propio que la identifique: cantar una canción, leer o contar un cuento, contar los muñequitos del móvil… El peluche favorito o la mantita también contribuyen a darle seguridad al bebé, pues cualquiera de estos objetos es como una prolongación de sus padres.

El niño puede elegir el juego a realizar, o el juguete, pero debes ser tú la que ponga el límite de tiempo. La clave del ritual está en que sea repetitivo. El hecho de que, cada noche, a la misma hora, se repita un determinado juego, es lo que ayuda al bebé a tomar conciencia de que le toca ir a dormir.

Normalmente, antes de los 8 meses los rituales para dormir no son de gran utilidad. A partir de esta edad, cualquier momento es bueno para empezar. Ten en cuenta que las primeras dificultades para dormir de tu hijo pueden derivar, más tarde, en trastornos del sueño, tales como miedos nocturnos o, cuando los niños son más mayores, insomnio.

Los rituales son una buena manera de fortalecer el sueño de nuestro hijo y prevenir esos posibles desórdenes. Además, cumplen una importante función en la formación de la personalidad de los niños, pues el sentirse capaces de dormirse solos les ayuda a desarrollar su autonomía.

Entre los 2 y los 3 años de edad, los niños necesitan dormir entre 9 y 13 horas al día. Lo más común es que duerman una siesta de 2-3 horas después de comer y el resto por la noche.

Hay niños que odian dormir la siesta. Si a pesar de no dormir la siesta tu hijo no se muestra irritable o apático, no debes preocuparte ni obligarle a dormir. Si duerme siestas muy largas y por la noche le cuesta conciliar el sueño, prueba a reducir las horas de siesta.

Algunos niños de entre 2 y 3 años resultan ser muy rígidos con respecto a los rituales de sueño. Los rituales de sueño ayudan a los niños a vencer los miedos a la oscuridad, la noche, la soledad… miedos que suelen surgir entre el primer y el segundo año y que son frecuentes a la hora de dormir. Una vez adquiridos los hábitos correctos de sueño, lo ideal es que prescindan de los rituales para dormir.

Aunque, en general, entre los 2 y los 3 años los niños suelen dormir sin dificultad, no es raro que algunos niños se resistan a irse a la cama ni que, una vez acostados, se levanten o lloren. Muchas veces, a pesar de tener sueño, el deseo de los niños de seguir con los mayores, o la ansiedad que les produce pensar en separarse de ellos, se impondrá al cansancio.

Algunos niños de 2 a 3 años ya presentan miedo a la oscuridad, relativamente frecuente a partir de los 4 años y del cual se ha dicho que, en el fondo, no es otra cosa que miedo al abandono. En estos casos, poner una luz de enchufe en el cuarto o dejar la puerta entornada puede ser de gran ayuda para que el niño supere su miedo. Al fin y al cabo, se trata solo de una etapa transitoria y dentro de lo común.

En general, si el niño siente que controla la situación tendrá menos ansiedad. Con este fin, podemos dejarle que sea él quien elija el pijama, el muñeco, el cuento… Una música suave antes de acostarse puede ayudar a tranquilizar al pequeño.

Si, a pesar de todo, tu hijo llora con insistencia, no te precipites en acudir a calmarle. Espera unos diez o quince minutos a ver si para él solo y luego entra. No debes regañarle ni castigarle como si se hubiera portado mal, pero tampoco le recompenses con besos o quedándote con él hasta que se duerma.

Si se levanta de la cama, lo mejor es que le acompañes de nuevo a su cuarto; con calma, sin enfados ni mimos. Deberás ser paciente, pues intentará tensar la cuerda hasta el límite, pero si te mantienes firme, acabará por rendirse y se irá a dormir, que es lo que en el fondo más le conviene.

Algunos niños de 2 – 3 años ya tienen pesadillas por las noches, aunque por lo común no son pesadillas tan elaboradas como lo serán a partir de los 4 años. A pesar de todo, estos malos sueños intranquilizan enormemente a los niños tan pequeños, para quienes es más difícil diferenciar la realidad de los sueños. Si se despierta sobresaltado acude a tranquilizarle y quédate con él hasta que se duerma otra vez.

Si las pesadillas de tu hijo se repiten frecuentemente, quizá haya algo que le angustie o le preocupe. Intenta que te cuente qué es lo que le pasa. Quizás se le está exigiendo demasiado en determinados aspectos de su educación, quizás no está a gusto en la guardería o te añora cuando te separas de él. Hazle hablar sobre ello para que descargue sus emociones y no se las lleve a la cama.

Quizás esté viendo programas de televisión poco adecuados a su edad. Hay niños que, ya desde pequeños, se distinguen por ser más sensibles o impresionables. Los telediarios, sin ir más lejos, son en ocasiones tan explícitos a la hora de transmitir ciertas noticias, que pueden dejar una viva impresión en la imaginación del niño, al que luego le costará conciliar el sueño. Los dibujos animados, series… etc. de carga violenta, tampoco son recomendables para antes de dormir.

Las pesadillas son sueños que los niños viven como terroríficos.

Para los niños, la barrera entre la realidad y la ficción es menos clara que para los adultos. Por ello, tardan más que los adultos en sobreponerse a esa vivencia desagradable que es una pesadilla.

El consuelo de los padres suele ser bienvenido por los niños cuando se despiertan de una pesadilla, pues durante un rato se sienten todavía inmersos en su atmósfera.

Dependiendo de su capacidad para expresarse, hará el esfuerzo de contar su sueño. Ello ayuda al niño a recordarlo a la mañana siguiente y, sobretodo, a sentirse menos atemorizado.

Las pesadillas pueden motivar que el niño adquiera temor a dormir solo. Por eso es aconsejable invitar a los niños a hablar de sus pesadillas, para que ellos mismos se den cuenta de su irrealidad.

Muchos niños de 4 a 10 años tienen miedo por las noches, justo antes de dormir. Les da miedo quedarse solos, les da miedo la oscuridad… El origen inmediato del miedo de los niños puede estar en un cuento, una película o un hecho ordinario que, por algún motivo, ha impresionado al niño.

Se ha apuntado que, en el fondo del miedo infantil a la oscuridad o, en general, de los miedos nocturnos de los niños, siempre subyace el mismo temor: el miedo a ser abandonado por las personas más importantes en su vida, sus padres. Por eso debemos tomarnos en serio el miedo de nuestro hijo.

Castigar o amenazar a nuestro hijo cuando no pueda dormir no le ayudará a vencer su miedo. A lo sumo, aprenderá a esconderlo mejor, lo cual le distanciará de nosotros. Ridiculizar su miedo minará su confianza en sí mismo y no le ayudará a dormir mejor.

Lo mejor es reconocer el sentimiento del niño y ayudarle a entender su propio sentimiento. Para ello lo más eficaz es ponerle nombre, diciendo, por ejemplo: “así que lloras y no te quieres dormir porque tienes miedo”.

Si nos interesamos y escuchamos con atención, asintiendo con la cabeza, a lo que nos cuenta de su miedo le ayudaremos a superarlo. Una frase como “me gustaría ayudarte a superar ese miedo” o bien “¿Cómo puedo yo ayudarte?” contribuye a mejorar el clima, a relajar al niño.

Una vez reconocido el miedo, cada familia puede diseñar una estrategia para ayudar al niño a dormir.

Te proponemos algunas ideas:

* Un poco de magia: “Si yo tuviera una varita mágica… ahora mismo te quitaría el miedo; lo haría papilla y dormiríamos todos felices. Pero solo tengo besos mágicos: ¡Te daré un montón!”

* Magia y muñecos: “Traspasa los poderes” a uno de los muñecos favoritos de tu hijo. No hay que tener miedo a usar un poco la fantasía, los niños no se confunden tan fácilmente. Lo que cuenta para un niño es que le estás ayudando a superar su miedo.

* Por adelantado: Asegúrale que acudiréis a su lado si llama, tantas veces como haga falta.

* Anímale a ser valiente: Pídele con un guiño que, si tiene miedo, llame primero al muñeco; pues los papás están “un poco cansados hoy” y a lo mejor no oyen a la primera.

Para que la estrateia surta efecto, es fundamental trabajar el miedo nocturno durante el día. Para ello conviene fomentar que la imagen que el niño tiene de sí mismo sea positiva, valorando las cosas que hace por su cuenta y permitiéndole que tome algunas decisiones.

Reconocer y poner nombre a otros sentimientos aparte del miedo, como la alegría, la pena, el dolor, el enfado, la rabia, la preocupación… es importante para que el niño aprenda a convivir con sus propias emociones. De ese modo, no le impedirán dormir.

Los niños son muy sensibles a las contradicciones en que a menudo incurrimos los adultos. Muchas “mentirijillas” de las que decimos a la ligera socavan la confianza de los niños en los adultos. En la infancia, la confianza en los mayores equivale a la confianza en uno mismo. Para un niño que no confía del todo en sus padres será más difícil confiar en sí mismo.

Poner límites claros en el comportamiento y en la vida diaria proporciona seguridad al niño. También el cariño les ayuda a crecer más seguros.ç

Fuente: elbebe.com

Autor: Enrique Muñoz

Categoría: Actualidad infantil