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10
febrero
2011

La Inteligencia Emocional en la educación infantil

“Educar las emociones, educar para la vida”

Hace un tiempo, saliendo de una estación del metro a la hora de mayor tránsito, la neurosiquiatra Amanda Céspedes se encontró en el camino con una joven mamá que no hacía más que gritarle a su hijo, un niñito de unos cuatro años sumido en un berrinche incontrolable. Entonces, no pudo evitar involucrarse:

– Fui muy dura con ella y le dije que no podía tratar así a su hijo. Ella se sentó en el suelo y me dijo, entre lágrimas: si usted supiera el nivel de estrés que tengo… Yo me quedé pensando que es cierto, que todos hoy vivimos con estrés. Pero eso no da permiso para desquitarse con los niños. Le dije: ¿por qué no lo tomas y le das un beso? Si le transmites tu cariño, ese niño será un bálsamo para tu estrés. Pero si lo tratas mal, eso sólo aumentará tu tensión.

Decirle esas palabras a la mujer la dejó tranquila por un rato. Pero luego se sintió culpable. Después de todo -reflexionó- , ni las madres, ni los padres, ni los profesores están preparados para cambiar el modelo de crianza que se ha impartido de generación en generación, donde el castigo y la imposición de disciplina parecen ser las únicas herramientas para imponer normas y límites a los niños.

A esas madres, a esos padres y a esos profesores, está dirigido su último libro, “Educar las emociones, educar para la vida” (Editorial Vergara) -que se presentará este próximo domingo 9 de noviembre en la Feria Internacional del Libro, una suerte de secuela de su primera entrega, “Niños con pataletas, adolescentes desafiantes“, donde analizaba cómo las conductas rebeldes infantiles debían tomarse como señales de un problema, más que como simples caprichos.

Esta vez, el tema principal es cómo los adultos -que se quejan de estar criando niños cada vez más insolentes, desafiantes, rabiosos y que no saben tolerar la frustración- pueden revertir este panorama y educar las emociones de los niños desde sus primeros años de vida.

– Hay una tendencia erróneamente implantada entre los adultos a disciplinar a los niños antes que educarlos emocionalmente, y esto tiene un tremendo impacto más adelante en su adolescencia y adultez, cuando salen y se enfrentan a la vida, en lo que se llama la “inteligencia emocional“.

Un niño sin educación emocional, dice, después se va a mostrar como un jefe descalificador, insolente, que no sabe escuchar y que no sabe comunicarse con sus subalternos; también tendrá problemas con su pareja y con sus cercanos. Será una persona llena de resentimientos, que no cree en sus capacidades y es dependiente emocionalmente.

– A los hijos no hay que educarlos para que se porten bien en el día y los dejen leer el diario; hay que educarlos para el futuro. Para que 20 años después puedan ser adultos educados emocionalmente. Hay un dicho muy bonito: los hijos son nuestro futuro, pero no es así. Nosotros somos el futuro de nuestros hijos, porque como los eduquemos hoy será cómo serán ellos en el futuro.

06
febrero
2011

La inteligencia emocional y la obediencia

Durante mucho tiempo, el hombre ha tratado de definir y aclarar un ideal de desarrollo, un ideal de madurez, visto en sus inicios como el cambio y la evolución física a la cual posteriormente se le anexarían otras cualidades y habilidades.

Surgen así diferentes conceptos y teorías que tratan de englobar las características de un ser humano funcionando óptimamente, el cual no sólo poseía destrezas físicas, sino también destrezas en otros niveles, que le permitirían vivir en sociedad y funcionar efectivamente en ella. Es así como surgen los conceptos de madurez e inteligencia emocional, partiendo de los modelos postulados, en un inicio por el humanismo renacentista, cuyo concepto de madurez se hallaba firmemente representado por una personalidad moderada, respetuosa, autocontrolada, modesta, sabia y libre de avaricia y afán de prestigio.

Posterior a ello, surge el concepto de autorrealizacoión, el cual parte del presupuesto de que el hombre lleva en su interior una inspiración a dirigirse hacia significados, valores y metas y a traspasar de este modo las fronteras existentes, lo cual equivale a una máxima realización de las potencialidades únicas e irrepetibles de la persona (Maslow, 1983)

Con el paso del tiempo y el incremento de la s investigaciones en un afán por aclarar estos conceptos, surgen teorías más elaboradas como la de Steiner (1998), quien señala que la educación emocional y por la tanto, la madurez emocional, están conformadas por 3 capacidades:

– La capacidad para comprender las emociones.

– La capacidad para expresarlas de una manera productiva y

– La capacidad para escuchar a los demás y sentir empatía respecto de sus emociones.

Estas 3 capacidades juntas, nos permiten mejorar nuestro desarrollo personal y calidad de vida conjuntamente con la manera de relacionarnos con otros, además crean posibilidades afectivas entre personas, hacen más cooperativo el trabajo y facilitan el sentimiento de comunidad.

06
febrero
2011

La obediencia en los niños

LA OBEDIENCIA EN LOS NIÑOS


 

SECRETOS DE OBEDIENCIA   

Todo padre sueña con un recetario mágico que le diga cómo ejercer la autoridad
para que sus hijos sean obedientes.

Magdalena Pulido S.

Ese sueño se hace realidad gracias al psiquiatra uruguayo, Alexander Lyford-Pike, quien en su libro Ternura y Firmeza con los Hijos, explica que la educación que garantiza obediencia es la que equilibra justamente firmeza con ternura. El autor entrega a sus lectores trucos concretos y efectivos para lograr que los niños hagan lo que se les manda. A la hora de dar una orden,
conozca qué debe procurar y qué evitar.

Siempre hay que…

Hablar claro: Consiste en expresar las órdenes de la forma más exacta posible. Para ello es importante utilizar un lenguaje adecuado, concreto y sin frases vagas e imprecisas. Por ejemplo: "Deja de molestar a tu hermana AHORA", "Quiero que te vistas YA para ir al colegio". Estos mensajes no dejan duda en los hijos sobre lo que se quiere que hagan y cuándo. "Pórtate bien", "sé bueno", puede no decirles nada. Además de ser importante lo que se dice, es fundamental la forma en que se hace: Evite los gritos. Es más eficiente un tono firme, pero calmado.


Mantenga la tranquilidad y siempre hábleles mirándolos a los ojos y con algún tipo de contacto físico como ponerle una mano sobre el hombro.


Cuando las órdenes tienen de parte del niño respuestas que conducen a una tonta discusión, es importante tener armas para no caer en ella. Por ejemplo, la mamá dice: "ordena tus juguetes ahora" y el niño responde "pero por qué yo si Pedro también jugó"… y empieza una discusión por el sentido de justicia de la madre, que finalmente hace que el objetivo inicial se diluya. Para que esto no suceda, Lyford-Pike propone distintas técnicas, como la del disco rayado. Ésta consiste en repetir la orden sin oír argumentos.

 

"Pero mamá…" "Sí, ya lo sé, pero ordena tú los juguetes ahora" "Pero.." "No me importa, ordena tú los juguetes ya". Esto es muy útil pues el niño ve que en la discusión no tendrá éxito y termina por ordenar.

 

Finalmente, hablar claro implica también saber como padres reconocer las buenas conductas. Elogiar las buenas reacciones es clave para asegurar las próximas. ¡Qué bien lo hiciste! ¡Te felicito! son exclamaciones que no deben ser dichas al pasar, sino deteniéndose y con mucho énfasis.

Respaldar las palabras con hechos: Cuando la comunicación con palabras no logra aún el objetivo deseado es muy válido aplicar un castigo. Para esto lo principal es asegurarse de que la orden esté bien dada y si se sabe que habrá resistencia pensar de antemano un castigo en proporción.


Las acciones disciplinarias más eficaces son: El aislamiento, es decir, separarlo del resto y dejarlo en una situación aburrida o poco estimulante; y el retiro de privilegios: ver televisión, usar el teléfono, salir con los amigos…

 

Es importante presentar el castigo como opción, es decir, "o te comes la comida inmediatamente o te vas a tu pieza", pues así el propio niño tiene la posibilidad de terminar con su mala conducta. La medida disciplinaria debe ejecutarse lo antes posible, ya que la demora disminuye su efecto correctivo.

 

Además, es fundamental después de que el niño haya cumplido su castigo perdonar y olvidar. Recordarle mil veces lo que hizo no tiene sentido. Por último, es clave evitar amenazas con castigos impracticables y no olvidar recompensar con privilegios o premios las conductas que lo ameritan.

Establecer las reglas del juego: Es la respuesta sistematizada de los padres a la conducta inadecuada de los hijos. El establecimiento anticipado de las reglas y el cumplimiento de ellas le informa a los niños, que tal conducta provocará inevitablemente tal respuesta específica de los papás.

Jamás hay que …

Dar respuestas inseguras: Una respuesta es insegura cuando no le transmite al niño en forma precisa, fácilmente comprensible y firme lo que se espera que haga. Ejemplo de esto son las afirmaciones inefectivas que sólo recalcan el mal comportamiento, pero que no dan claramente la orden: "Te pedí que ordenaras tu pieza y todavía no lo haces, no me haces caso". Esas quejas sólo diluyen la instrucción y le quitan fuerza, dejando margen para que el hijo la ignore. Es también una orden insegura la que se hace en forma de pregunta: "¿Cuántas veces
te he dicho que ordenes?".

 

Esta pregunta es ineficaz, pues sólo transmite el disgusto de la madre sin expresar autoridad o guía. Obviamente ella no espera que el niño le conteste "necesito que me lo digas diez veces".

 

Por eso la mejor afirmación en este caso sería: "Ordena tus juguetes inmediatamente". El ruego también es una forma de mandar insegura. "Por favor, anda a acostarte que estoy muy cansada", son órdenes que nunca son razón suficiente para que el niño deje de hacer lo que está haciendo porque no entiende ni dimensiona la súplica de su madre.

 

Por el contrario, transmiten una imagen paterna de fragilidad y debilidad que induce a la desobediencia. Por último, dentro de este punto y muy común como reacción poco efectiva es la ignorancia de la desobediencia. Dar una orden sin verificar que se cumpla y dejar que el niño siga en lo suyo, es como decirle: "Tengo que darte esta orden…, pero si no me haces caso, no te preocupes, lo hago yo y no te pasará nada".

Dar respuesta hostiles: La hostilidad o la agresión son también un tipo de respuestas que no logran que el niño haga lo que se le manda. Las órdenes con agresividad, son una forma equivocada de autoritarismo que demuestran la desesperación de los padres y hacen que el niño se sienta rechazado. Ejemplo de este tipo de reacción son las formas de disminuirlo con frases como "me vuelves loca", "me enfermas", "eres un desastre". También las amenazas sin contenido:
"Ya te va a llegar" o "me las vas a pagar".

 

Además la agresividad poco efectiva se demuestra en castigos excesivos no proporcionales a la mala conducta. Éstos, generalmente surgen como una medida de desahogo de los padres que es poco efectivo. Finalmente, el castigo físico como los tirones de pelo, pellizcones, empujones o golpes son ineficaces en los niños. Por lo demás, si la obediencia es por sumisión atemorizada, el mensaje fracasó, pues el niño debe obedecer porque entiende que así debe hacerlo y no por susto. Porque lo dice su padre que lo quiere y que sabe lo que es bueno para él.

Su amigo de la red....

Les dejo estos pensamientos...

"Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las
dificultades de la vida." Pitágoras

"Educar a los hijos es, en esencia, enseñarles a valerse sin nosotros."
Mario Sarmiento V

"En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: y en todo el futuro
quiero asimismo reparar este presente." Friedrich Wilhelm Nietzsche