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05
febrero
2015

REFLEXIONES SOBRE LOS PROBLEMAS DE ATENCION EN NUESTROS HIJOS

descargaCuando el niño no presta atención en clase, (reflexiones de un psicólogo/padre).

 

Una de las dificultades para el aprendizaje más extendidas y menos comprendidas en la edad escolar  es la que tiene lugar cuando nuestro hijo no presta atención en clase. Sus maestros se quejan de eso que se puede resumir con una  frase, sé que muchas madres y padres la reconocen de inmediato: “Tu hija es muy lista pero no presta atención a lo que se le dice…”Como padres no logramos llegar a comprender, o dicho de otra forma, ¿No prestar atención en clase es porque nuestro hijo tiene un problema, no se le estimula lo suficiente, se le estimula pero no de la forma adecuada..es culpa de su maestra, del centro del sistema, de él?

Cuando asistimos a una tutoría  y nos dicen lo  siguiente: “No tiene problemas de capacidades, el niño/a es listo, el problema es que no se esfuerza, no presta atención, se distrae viendo una mosca pasar, y eso hace que lleve el ritmo de la clase, se olvida de la agenda, no apunta los deberes, siempre está como en otra cosa….” Podríamos seguir y seguir, en resumen: no presta atención a lo mínimo que se le exige y, puesto que el resto de la clase sí lo hace, nuestro hijo tiene un problema, pero nos cuesta encajar esa noticia ambígua.

Por mi experiencia, cuando un padre sale de una tutoría de estas características, con un hijo en torno a los 8-11 años o menos, tiene una especie de sensación podríamos llamar agridulce. Por un lado, tranquilidad al saber que su hijo no es tonto, o como ahora se dice, no tiene un problema de “capacidades, no presenta un problema de “competencias intelectuales”, que ya es tranquilizador,  pero, y ahí nos duele, no presta atención, o lo que es peor, sea todo lo  listo que quiera, no alcanza el nivel que tiene que alcanzar.

Unos breves comentarios sobre qué es la atención y cómo funciona en el proceso de enseñanza-aprendizaje, tarea esta muy difícil si la quiero resumir, pero voy a intentarlo: Lo haré de forma resumida:

  • No existe la atención como algo global, sino que se trata de un proceso neurofisiológico básico y con múltiples manifestaciones. O lo que quiere decir: No existe el conocido “déficit de atención” sino el problema en algunos de los aspectos relacionados con los tipos de atención.
  • Lo que conocemos como atención es una manifestación final de varios procesos asociados y que funcionan al mismo tiempo en los que intervienen otros mecanismos más anteriores como son los de tipo emocional, motivacional…etc. Esto lo digo para que no, y esto es importante como padre o docente, para que no se caiga en el error de “no presta atención: gandul”… “presta mucha atención: se esfuerza”.
  • De los muchos tipos de atención que se van descubriendo conforme se avanza en neurociencia se conocen, la que más influye en los aprendizajes escolares es la llamada “atención sostenida”, o mantenida. Es aquella que tiene que ver con el prestar atención a una tarea que de principio no nos motiva mucho pero que somos capaces de, con esfuerzo, -atencionarla-, es decir, dirigir nuestro foco con esfuerzo hacia ella. Como adultos sabemos entenderla perfectamente, como niños menos. Si a cualquiera de nosotros que tiene la paciencia de leer estas líneas le preguntamos por qué usted me está leyendo a mí nos responderían automáticamente lo siguiente: porque me interesa, porque estoy motivado, o lo que es igual, porque busco una respuesta, porque tengo curiosidad y, lo definitivo, porque tengo un hijo o una hija con un problema de atención y porque me he visto en esa situación. Es decir, porque me motivo. Imagínese usted que no tiene un hijo con problemas atencionales, no soportaría ni cuatro líneas de este pesado artículo. Desee esta perspectiva es fácil comprender el concepto de “atención sostenida”. Si el asunto al que hay que prestar atención coincide con nuestros intereses no tenemos problemas atencionales, de lo contrario tenemos que recurrir a una capacidad que se llama “atención sostenida”, es decir, mantenida de manera voluntaria hacia algo que no motiva, que no nos mueve a que le prestemos atención. Esta es la capacidad básica en el aprendizaje. Si la conseguimos desarrollar, más rápido o más lento, llegamos a donde queremos. Pero ¿cómo hacerlo?.

 

Yo suelo aconsejar lo siguiente: si asociamos la atención, o capacidad de sostener la atención hacia algo que no nos interesa durante tiempo, con la capacidad de motivarnos hacia esa tarea, importa poco que nuestra motivación tenga que ver con esa tarea o con otra. Como adultos lo entendemos fácilmente. “No me gusta mi trabajo pero como me pagan a final de mes, presto mucha atención”. Como niños podemos desarrollar el mismo binomio, “no me gustan las tareas o deberes pero si no los hago no consigo hacer eso que tanto me gusta”. Es decir: Lo importante es el resultado, no el cómo lo ha conseguido. Como padres todos aspiramos a que nuestros hijos se motiven y presten atención para aprender solo por la asimilación y placer que supone el simple hecho de conocer, solo por lo importante que esto es para ellos y su desarrollo, pero este tipo de motivador es el menos frecuente en niños, por no decir casi inexistente. Yo propongo en mis reuniones con padres el saber identificar los “motivadores” de nuestros hijos, es decir, aquellos comportamientos que tienen una alta probabilidad de que los desarrollen (ejem: jugar al futbol, salir a la calle, ver una serie de TV, jugar al ordenador…etc) y asociar el tiempo que dedican a prestar atención a estos motivadores a “prestar atención sostenida” hacia tareas con una baja probabilidad de que las realicen, ejemplo, los deberes, y ponerlos como condición previa….parece una trivialidad pero si la mantenemos de forma firme, funciona.

 

FDO. EM.

 

25
febrero
2013

algunos consejos sobre la desobediencia infantil

LA DESOBEDIENCIA
EN EL NIÑO

 La desobediencia en el niño está íntimamente ligada con el problema de la autoridad de los padres y de la tolerancia. El concepto que los padres tengan de la autoridad, se manifiesta en el grado de tolerancia y, por lo tanto, en la clase de obediencia exigida. Unos padres autoritarios exigirán “obediencia ciega” por la simple razón de “porque lo mando yo ! ; nunca reconocerán un error propio porque “hay que mantener el principio de autoridad”. En este caso, la desobediencia es casi inevitable y con ella el conflicto.

El ejercicio irracional de la autoridad (lo que hoy se toma a risa mañana se castiga severamente, las bofetadas repentinas sin dejar explicarse a la víctima, gritos estertóreos o insultos) es semilla segura de desobediencia. Pero la desobediencia puede surgir también de un ejercicio demasiado blando de la autoridad. El niño aprende fácilmente o intuye que puede abusar puesto que las amenazas nunca se realizan o los castigos impuestos se levantan siempre apenas comenzados. El problema de la desobediencia de los hijos es también un problema de los padres que deben someter a examen su propio concepto de obediencia y tolerancia.

A lo largo de todas las etapas del desarrollo evolutivo encontramos ciertos nivel de desobediencia.

Alégrese de que su hijo le desafíe. Una de las tareas principales de la niñez consiste en descubrir la estructura y el significado de la vida, y eso se aprende en gran medida descubriendo las reglas y normas que regulan el funcionamiento de las cosas. A medida que su hijo crezca, su conducta será más compleja y variada y comenzará a ponerla a prueba para descubrir las diferenciaciones más finas de la disciplina.

Su hijo no está tratando necesariamente de amargarle la vida en forma deliberada, simplemente está poniendo a prueba los límites que usted le impone o poniendo a prueba nuevas hipótesis acerca de la forma en que usted puede reaccionar ante lo que él hace. Este tipo de desobediencia puede considerarse como normal. No debe preocuparse al menos que su hijo lo desobedezca en forma constante. Si parece disfrutar cuando usted se enoja y la desobedece cada vez que usted se enoja y la desobedece cada vez que usted expresa un deseo, entonces sí debe comenzar a preocuparse.

Si un niño siempre desobedece a los deseos de sus padres lo más probable es que se lo haya sometido a una disciplina muy estricta, que puede haber llegado incluso a castigos severos.

Un niño totalmente obediente es un niño que se ha dado por vencido. No muestra interés en mostrarse como es el mismo. Sólo logra satisfacción sometiéndose a los demás. Es un buen subordinado. Cuando crezca será un adulto pasivo carente de todo impulso, de imaginación e iniciativa.

En el colegio son muy bien considerados por los maestros que los ponen como ejemplo. Son muy amables, corteses y se ganan el aprecio de los adultos.

Estos niños no tienen una infancia muy feliz. Dado que su único deseo es complacer a los adultos muy pronto y son incapaces de expresar su propia individualidad.

Por el contrario, un niño que siempre se porta mal, es un niño que no ha aprendido a posponer su gratificación, no puede renunciar al placer inmediato en espera de una satisfacción mayor que puede lograr a través de medios socialmente aceptados. Con frecuencia estos niños han crecido en un ambiente que no les brindó nunca satisfacciones suficientes como para permitirles aprender a controlar sus impulsos en espera de una gratificación mayor, diferida. O sea que para que su hijo pueda tolerar la frustración debe aprender que obtendrá cierta satisfacción por hacerlo. Por supuesto que su hijo nunca ha recibido recompensa no podrá aprender a posponer la gratificación.

La mala conducta puede tener otra causa . El niño desobediente puede haber pasado por una serie de experiencias que alentaron la mala conducta. Por ejemplo, un maestro puede haberle puesto la etiqueta de travieso porque le resultaba difícil tratar con él. A este niño le resultará más fácil persistir y cumplir así las expectativas del maestro que intentar que cambie de opinión. Por eso continúa portándose mal.

A veces la mala conducta se debe a que el niño esta colocado siempre en situaciones en las cuales haga lo que haga el resultado será siempre el mismo. Lo castigan si actúa de una forma y lo castigan si actúa de otra forma.

La desobediencia también aparece en hogares en que los padres están preocupados por sus propios problemas o que por diversas razones les prestan poca atención a los niños. Casi obligados sólo le prestan atención cuando se portan mal o tienen un problema muy grave. Es lógico deducir que pueden llamar la atención de sus padres si ellos mismos están en dificultades o si les crean problemas en forma deliberada. Sienten necesidad de que los padres los tengan en cuenta y les impongan una disciplina. Estos niños “desobedientes” han aprendido que llamar la atención para que los reten es mejor que ser ignorados.

Ningún niño desea llamar la atención buscando que lo reten si le prestan la debida atención normalmente.

  ¿Qué podemos hacer si nuestro hijo es siempre desobediente?
Para empezar, indagar las razones que originan esa mala conducta. Identificar con claridad el problema para poder resolverlo (escasa atención de los padres, padres que  aspiran a la perfección, privación al niño de satisfacciones y privacidad cuando no cumple con exigencias desmedidas, celos por el nacimiento de un hermano, etc).

Un niño tratado con indiferencia o exigencias desmedidas es normal que se muestre desinteresado, carezca de motivaciones y se porte mal constantemente. No importa lo bien que se pueda portar o lo logros que pueda obtener, nada se le reconoce.

Los niños que siempre hacen lo opuesto a los que se les pide
Esta actitud de los niños encubre un mensaje. Nos está pidiendo indirectamente que se interese más en él. La conducta de oposición persistente es en el peor de los casos un intento de contrariarla y en el mejor de los casos un medio para llamar su atención.

El intento de contrariarla es la expresión más directa de la hostilidad y el resentimiento del niño. A veces el niño miente, roba o actúa con falsedad  no por las dudosas recompensas que puedan significarle estas acciones sino por el el solo hecho de portarse mal. En general, un niño que manifiesta crónicamente estas conductas está pidiendo a gritos que le presten atención.

01
febrero
2013

Como desarrollar inteligencia emocional en los niños

Sinopsis
Grandes personajes éxitosos a través de la historia, no necesariamente fueron los que obtuvieron las mejores calificaciones en la escuela, con esto trato de decir que la capacidad intelectual no es pronóstico de un óptimo desempeño personal y social. Entre ellos destaca Leonardo Da Vinci, Pablo Picasso, Abraham Lincoln, Albert Einstein, entre otros.
Desarrollo
La inteligencia emocional es la habilidad que posee toda persona para percibir sentimientos, modificar estados de ánimo o el de los demás.

Características de la inteligencia emocional
• Manejo y control de emociones
• Percibir sentimientos
• Nivela y regula la autoestima
• Desarrolla la empatía

La inteligencia emocional se desarrolla desde los primeros años de vida ya que las emociones se expresan desde el nacimiento. El desarrollo de la misma dependerá del contexto en el que el niño se desenvuelva.

¿Cómo desarrollar la inteligencia emocional en los niños?
Todo esto dependerá de la edad del niño, lo recomendado es empezar a trabajar con el niño desde el primer año de vida ya que el primer año de vida es vital para el niño. De allí, se podrá conocer cuál es el área que se necesita estimular en el niño.

El desarrollo evolutivo del niño – Rene Spitz
La mayor parte del primer año de vida el niño está dedicado a esforzarse por sobrevivir, a formar y elaborar dispositivos de adaptación que sirvan para conseguir esa meta. Todo aquello de que carece el infante, lo compensa y proporciona la madre. El resultado es una relación complementaria.
A medida que las potencialidades del infante se desarrollan en el primer año de vida, se irá haciendo independiente del medio que lo rodea. Este proceso se efectúa tanto en el sector somático como en el psicológico de la personalidad del infante. El crecimiento y el desarrollo, en el sector psicológico dependen esencialmente del establecimiento y el despliegue progresivo de relaciones de objeto cada vez más significativas, es decir, de relaciones sociales.

Por lo tanto, el bebe recién nacido, llora o ríe, de igual manera es un síntoma de que necesita afecto y atención, por lo tanto el primer año de vida en el niño es mas afectivo que los posteriores. Ahora bien, durante el primer año de vida del niño quien puede desarrollar la inteligencia emocional del mismo, es la madre, ya que ella pasa el mayor tiempo con él.

Desarrollo de la inteligencia emocional en el primer año de vida: 
• Desarrollando un apego seguro en el niño (Teoría del apego en el niño)
• Enseñando a dominar los miedos (El miedo en los niños y su tratamiento)
• Enseñando a resolver problemas
• Enseñar a hablar (El Desarrollo del lenguaje en niños)
• Enseñar a caminar
• Una correcta educación (aprendiendo a decir bien las cosas)
• Apoyo afectivo (El primer año de vida del niño- Rene Spitz)

La inteligencia emocional del 2do a 6to año de vida 
Durante esta etapa del desarrollo el niño usa todas las funciones del lenguaje en la conversación.
Logra un nivel de capacidad y propiedad de conversar, consiguiendo lo que desea en la mayoría de las circunstancias, usando el lenguaje con fines específicos.

• Sigue utilizando la asimilación y la acomodación para crear su propio estilo de lenguaje.
• Usa expresiones dirigidas y comienza a elegir reglas de discurso y combinar los tópicos rápidamente
• Forma una pareja de registradores básicos del habla. (Utiliza un lenguaje para los padres y otro para los compañeros de juego).
• Parece ser miembro de la sociedad funcionalmente maduro.
• Si tiene una idea en una conversación, la puede expresar o intercambiar con otra persona de su entorno.

La inteligencia emocional del 6to a 8vo año de vida 
Durante esta edad los sujetos que se desenvuelven en el contexto familiar y social en el niño logran ser los actores y jueces que determinan la conducta del niño, por lo tanto en esta edad el niño logra reflexionar y dar plena libertad a sus conductas, junto a esto, aparece el orgullo y la vergüenza. Es decir, gracias a que a el niño se le enseño a reflexionar, cada que el niño se porta mal, se sentirá mal a causa de sus acciones incorrectas.

La inteligencia emocional del 8vo a 12vo año de vida 
Hacia los 10 años pueden integrar sentimientos opuestos. Empieza a darse cuenta de que los sentimientos deben controlarse.
En esta etapa de la vida los sentimientos fluyen con fuerza y variabilidad extraordinarias, es la edad de los grandes ánimos y desánimos ya que tambien es una etapa en la que comienza la adolescencia (12 años), muchos experimentan la rebeldía de no poder controlar sus sentimientos ni comprender su complejidad.

Estrategias para estimular la inteligencia emocional en los niños:
• Enseñarle a darle nombre y a reconocer los sentimientos y/o emociones. Esto se puede desarrollar mediante juegos, cuentos, tarjetas con dibujos, etc.
• Relacionar gestos con sentimientos- ejemplo- te ries y le dices al niño que este sentimiento es de alegría y/o emoción, etc….
• Contarle cuentos en los que se pueden ver las diferentes emociones para que el niño las aprenda.
• Enseñarle al niño a cómo afrontar las emociones inadecuadas como la ira, el enojo, la rabia, etc… con esto trato de decir, que el educador o padre de familia debe de sugerir al niño, a que el no debe de golpearse (autoagredirse) con nada.
• Explique a sus hijos lo que sí pueden hacer. Por ejemplo: correr en el jardín, dibujar figuras enfadadas, dar puñetazos a una almohada, arrugar un periódico, etc. Hacer esto no es malo, al contrario, expresar lo enojado que se siente es saludable, siempre que se exprese de manera aceptable.
• Enseñar al niño a relajarse cuando esté nervioso o disgustado, anímelo a respirar hondo mientras cuentan hasta tres y a expulsar despacio el aire.
• Enseñarle la empatía y que debe de aprender a ponerse en el lugar del otro.
• Felicitar al niño cada vez que enfrente de manera adecuada sus emociones ya que esto hará un click en su estado de aprendizaje y por lo tanto, este reforzador hará que el niño se sienta bien consigo y con ello vuelva a repetir la conducta que se haya reforzado.

Quizás podría desarrollar diferentes maneras de cómo es posible desarrollar la inteligencia emocional en el niño, sin embargo, pienso que la mejor manera de enseñar, educar y por ende optimizar su inteligencia emocional, es mediante el ejemplo, ya que esta es la mejor manera para hacer que sus hijos entiendan y comprendan cual es la manera adecuada de expresar sus emociones.

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