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25
febrero
2013

La lactancia materna

Composición inmunológica de la leche materna

La leche materna contiene alrededor de un centenar de componentes que no se pueden replicar en la leche artificial y todavía se siguen encontrando más a medida que avanza la ciencia. Lo que también conviene tener en cuenta es que no se trata solo de que cada componente de la leche actúa en un órgano o zona determinados del cuerpo del bebé sino que muchos de ellos actúan en más de un área y una combinación de ellos también puede trabajar juntos para actuar sobre otra zona totalmente diferente. Además, la composición básica de proteínas, hidratos de carbono, grasas, etc, varía, porque la leche materna es única para cada madre y bebé.

Por ejemplo, la proteína en la leche materna tiene un montón de funciones, ya que contiene todos los amino ácidos necesarios, proporciona factores de protección (de los que hablaremos más adelante) y transporta hormonas y vitaminas. La proteína de la leche no se usa para la obtención de calorías para el crecimiento, de hecho es una fuente mínima de energía en la leche materna.

Además cuando una madre amamanta crea anticuerpos diseñados especificamente para proteger contra los patógenos adquiridos en las inmediaciones de su bebé. Nuevos anticuerpos se producen cada vez que la madre entra en contacto con microorganismos perjudiciales o cuando amamanta al bebé, que pasan al cuerpo de la madre en la saliva del bebé a través del pezón. Esto indica a su sistema inmunológico que produzca o proporcione anticuerpos, que después pasan al bebé en posteriores tomas. Si el bebé toma leche artificial, entonces tendrá sólo sus propios niveles de anticuerpos que son bajos, lo cual, agravado por un sistema inmunológico inmaduro, lo hacen extremadamente vulnerables a una infección, que puede propagarse rapidamente.

Los siguientes componentes ayudan al bebé a luchar contra enfermedades:

Componentes interesantes:

Alfa-lactoalbúmina:

Ésta es la principal proteína en la leche materna, lo que representa el 10-20% de proteína total. Quizás el descubrimiento más importante del 2010* es que esta proteína provoca el “suicidio celular” en más de cuarenta tipos de cáncer. El equipo que lo descubrió estaba explorando las propiedades antibióticas de la leche materna cuando un investigador notó que las células cancerosas de pulmón en un tubo de ensayo murieron en contacto con la leche materna. Descubrieron que cuando alfa-lactoalbúmina se mezclaba con ácido (como el que se encuentra en la leche materna y el estómago de los lactantes amamantados) se formaba un compuesto llamado HAMLET (siglas en inglés de la Alfa-lactoalbúmina Humana Transformada en Letal para las Células Tumorales). Los investigadores descubrieron que, después de 5 días de tratamiento (con HAMLET) a  pacientes de cáncer de vejiga, los pacientes orinaban células muertas de cáncer después de cada sesión de tratamiento.

Estudios con ratas mostraron que, después de tan sólo siete semanas de tratamiento un tumor cerebral glioblastoma altamente invasivo, era siete veces menor en aquellos tratados con HAMLET. El factor más importante es que la sustancia no tiene efectos secundarios, sólo elimina el cáncer y no daña las células sanas. El profesor Karlsson (que condujo el estudio) predijo que esta terapia se estará utilizando dentro de 5 años en pacientes adultos enfermos de cáncer.

Alfa-lactoalbúmina también se une al calcio y zinc, y durante la digestión forma propiedades antibacterianas e inmunoestimulantes.

Células madre:

Éstas tienen una capacidad notable para convertirse en muchos tipos diferentes de células en el cuerpo, que a su vez actúan como una especie de sistema de reparación interna. Estudios sugieren que estas células permanecen en el cuerpo mucho tiempo después del destete. Las células madre de otras fuentes ya están siendo utilizadas para tratar la leucemia y pronto podrían ayudar a tratar enfermedades de los ojos. Científicos también están investigando su potencial a largo plazo para el tratamiento de condiciones tales como lesiones de la médula, la diabetes y la enfermedad de Parkinson.

Linfocitos:

Matan a las células infectadas directamente o envían mensajes químicos que movilizan otros componentes del sistema inmunológico (ver las células T).

Linfocitos T o Células T:

Son un subgrupo de linfocitos que se encargan de coordinar la respuesta inmune celular. Estas células son insólitas porque no pueden destruir células infectadas o patógenos y, sin otras células del sistema inmune, normalmente se considerarían inservibles contra una infección. Sin embargo, tienen un papel importante a la hora de activar y dirigir otras células inmunes.

Macrófagos y Neutrófilos:

Se encuentran entre los leucocitos (glóbulos blancos) más comunes en la leche humana, y rodean y destruyen las bacterias nocivas. Los macrófagos también fabrican la lisozima, una enzima que destruye las bacterias mediante la desorganización de sus paredes celulares. Los macrófagos en el tracto digestivo pueden reunir a linfocitos para que actúen contra los patógenos.

Inmunoglobulinas: IgAIgGIg M e Ig D

La más importante de éstas es la IgA, que es sintetizada y almacenada en el pecho. Su función es recubrir las superficies mucosas del aparato digestivo del bebé para impedir la entrada de bacterias patógenas y enterovirus. También brinda protección contra la E. coli, salmonella, shigella, estreptococo, estafilococo, neumococo, el poliovirus y el rotavirus.

Lisozima:

Mejora la capacidad de IgA contra los ataques de E. coli, junto con la lactoferrina y la IgA secretora.

Lactoferrina:

Es una proteína que se une al hierro, para prevenir que las bacterias nocivas lo consuman. También mata a varias bacterias como la E. coli y ayuda a evitar que el sistema inmunológico reaccione de forma exagerada. La lactoferrina está actualmente siendo investigada como un tratamiento para condiciones autoinmunes como la artritis reumatoide, esclerosis múltiple y shock (choque) séptico.

Mucina:

Se acopla a las bacterias y virus que entran en el cuerpo del bebé. Cuando esto sucede, otras células del sistema inmune se encargan de destruir la sustancia causante de la enfermedad.  

Citocinas:

Se cree que juegan un papel importante en la modulación y protección del sistema inmune de la leche materna. La mayoría de las citocinas que son deficientes en el recién nacido se han encontrado en cantidades significativas en la leche materna.

Factores anti-infecciosos:

Durante los primeros 10 días hay más leucocitos (glóbulos blancos) por ml de leche humana de los que hay en la sangre.

Oligosacáridos:

Estas moléculas de carbohidratos prebióticos se parecen a los sitios de unión de las bacterias y lo que hacen es unirse a ellas para formar un compuesto que excreta bebé – así lo lleva fuera del cuerpo. Los oligosacáridos influyen en la microflora produciendo una mayor proliferación de los probióticos, que defienden contra los patógenos que causan la otitis media, infecciones del tracto respiratorio, infecciones del tracto urinario y la diarrea.

Lípidos de la leche (grasas):

Los lípidos de la leche dañan la superficie exterior de cierto tipos de virus. Cuando los virus se dañan, no son capaces de replicarse y causar una infección en el bebé.  

Ácido Linoleico:

Asociado con propiedades anti-cancerígenas, puede reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular y ayuda a combatir la inflamación.

Factor anti-secretor:

La leche materna protege al bebé contra la diarrea.

Interleucina 7 (IL 7):

Es un tipo de citocina relacionada con el tamaño del timo, el órgano central en el sistema inmunológico. Se ha descubierto que en los bebés alimentados con leche artificial la IL-7 puede llegar a ser hasta la mitad de su tamaño normal. IL-7 también tiene un papel importante en el crecimiento de las células T y B (éstas últimas son las células productoras de anticuerpos).

Factores de crecimiento:

En éstos se incluyen el factor epidérmico de crecimiento, el factor de crecimiento insulínico y el factor de crecimiento transformante, los cuales, entre otras cosas, promueven la maduración digestiva en el niño. Los niveles de factor de crecimiento epidérmico son más altos en la leche de las mamás que tienen bebés prematuros, lo que reduce drasticamente la tasa de enterocolitis necrosante (ECN) y la inflamación intestinal. También existe la teoría de que estos factores pueden desempeñar un papel en la “programación de los primeros años de vida”, que sugiere que la fisiología del individuo adulto (por ejemplo, la obesidad) y la morbilidad potencial (por ejemplo el cáncer) está predeterminados en los primeros años de vida.

Aunque esta lista es larga, no es exhaustiva, la leche materna contiene un gran número de otros factores que trabajan para proteger y mejorar el desarrollo del niño amamantado. Éstos incluyen:

  • Nucleótidos.
  • Defensinas.
  • Hormonas.
  • Componentes anti-inflamatorios.
  • CD14 soluble y receptores del tipo Toll solubles.

Estudios han vinculado durante mucho tiempo no amamantar con mayores tasas de infecciones de oído, cáncer, diabetes, meningitis, enfermedades respiratorias, la artritis reumatoide (y otras enfermedades del sistema inmunitario), enfermedad gatrointestinal y ECN por nombrar sólo unos pocos de una larga lista. A medida que comenzamos a entender más acerca de qué parte de la leche materna hace qué, tenemos una mayor comprensión de por qué los bebés no amamantados son más susceptibles, no sólo de bebés, pero en términos de salud de larga duración. Lo que quizás más preocupante es que la ciencia apenas ha raspado la superficie y sin embargo potencialmente muchísimas otras enfermedades podrían también ser estrechamente vinculadas (a la lactancia artificial) por ejemplo, están estudiando los vínculos con una serie de condiciones como la esclerosis múltiple y el síndrome de fatiga crónica.

*Aunque la sustancia HAMLET, fue descubierta en la leche materna hace varios años, ahora es cuando ha sido posible probar su eficacia en humanos.

Este artículo es una traducción (con permiso de la autora) del artículo “What´s in breast milk” en el blog inglés Analytical Armadillo (Armadillo Analítico). Si deseas leer el artículo original puedes visitar:

15
marzo
2011

Alimentación 1er año bebes

LA ALIMENTACIÓN INFANTIL DURANTE EL PRIMER AÑO DE VIDA

La lactancia materna es el mejor alimento para su recién nacido.

Todas las recomendaciones que van a continuación pueden verse modificadas ante situaciones especiales del niño/a, siempre que se lo indique su pediatra.

PRIMER MES DE VIDA

Tanto si toma pecho como si toma biberón es normal que su hijo pierda peso durante los primeros 7 a 10 días de vida, en las siguientes semanas su hijo deberá ganar entre 150 y 200 gramos de peso por semana.

Deberá tener la precaución de estimular al niño al eructo después de cada toma.

28
febrero
2011

Recomendacion sobre alimentación para cada edad

DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS CUATRO MESES DE EDAD

Durante los primeros 4 a 6 meses de vida, los bebés sólo necesitan leche materna o de fórmula para satisfacer todas sus necesidades nutricionales.

Si se amamanta, un recién nacido tal vez necesite alimentarse de 8 a 12 veces al día (cada 2 a 4 horas) o a petición del bebé. Hacia los cuatro meses, es probable que el recién nacido disminuya de 4 a 6 veces al día; sin embargo, aumentará la cantidad de leche materna que consume en cada alimentación.

Los bebés que reciben leche maternizada o fórmula tal vez necesiten alimentarse alrededor de 6 a 8 veces al día, comenzando recién nacidos con 2 a 5 onzas (60 a 150 ml) de fórmula cada vez que se alimentan (para un total de 16 a 35 onzas – 470 a 1,000 ml por día). Como con la lactancia materna, el número de alimentaciones se reducirá a medida que el bebé crezca, pero la cantidad de fórmula aumentará hasta aproximadamente 6 a 8 onzas (177 a 236 ml) por alimento.

Nunca le dé miel a un bebé, ya que ésta puede contener las esporas que causan botulismo y el sistema inmunitario del bebé no está completamente desarrollado para combatir esta enfermedad.

Aunque un bebé puede dormir toda la noche, es posible que sea necesario despertarlo para alimentarlo si no come lo suficiente durante el día o si está bajo de peso. Los chequeos de rutina con el médico para controlar el crecimiento del bebé sirven para asegurarse de que se le está suministrando la alimentación adecuada durante el día. El médico o el nutricionista le informarán si es recomendable despertar al bebé para alimentarlo.

DE 4 A 6 MESES DE EDAD

A la edad de 4 a 6 meses de vida, un bebé debe consumir de 28 a 45 onzas (830 a 1,300 ml aproximadamente) de leche maternizada (fórmula) y por lo general ya está listo para comenzar la transición a la dieta sólida. El inicio apresurado del consumo de sólidos puede hacer que el bebé se atragante si no está físicamente preparado.

Existen diversos acontecimientos importantes del desarrollo que indican que el bebé está listo para consumir alimentos sólidos:

  • El peso al nacer se ha duplicado
  • El bebé es capaz de controlar el cuello y la cabeza
  • El bebé se puede sentar con algo de apoyo
  • El bebé puede mostrar que está satisfecho con un movimiento de cabeza a un lado o no abriendo la boca
  • El bebé comienza a mostrar interés por el alimento cuando otros están comiendo

Comience la dieta sólida con cereal de arroz para bebés fortificado con hierro mezclado con leche materna o de fórmula hasta lograr una consistencia suave. El cereal puede mezclarse con leche hasta lograr una consistencia más espesa, a medida que el bebé aprende a controlarlo en la boca.

  • Inicialmente, ofrézcale cereal dos veces al día en porciones de 1 a 2 cucharadas (cantidad seca, antes de mezclarla con leche materna o de fórmula).
  • Aumente gradualmente a 3 ó 4 cucharadas de cereal.
  • El cereal no se debe dar en biberón, a menos que el pediatra o el nutricionista lo recomienden, por ejemplo, por el reflujo.

Una vez que el bebé esté comiendo el cereal de arroz de manera rutinaria, se pueden introducir otros cereales instantáneos fortificados con hierro. Sólo introduzca un nuevo cereal por semana, de manera que pueda observar si hay intolerancia o alergias.

DE 6 A 8 MESES DE EDAD

Continúe alimentando al bebé con leche materna o de fórmula de 3 a 5 veces al día. La Academia Estadounidense de Pediatría no recomienda la leche de vaca para niños menores de un año.

El bebé comenzará a tomar menos fórmula o leche materna una vez que los alimentos sólidos se conviertan en una fuente de nutrición.

Cuando el bebé haya probado varios cereales diferentes, ensaye con compotas y verduras.

  • Con respecto a las compotas y las verduras, introduzca una a la vez y espere dos a tres días entre ellas para ver si produce alguna reacción alérgica.
  • Empiece con vegetales corrientes como arvejas, papas, zanahorias, batatas, calabacín, habichuelas, remolacha; y frutas comunes como banano, compota de manzana, albaricoques, peras, duraznos y melón.
  • Algunos nutricionistas recomiendan introducir unas pocas verduras antes de las frutas, porque el dulce de las frutas puede hacer que una comida menos dulce como las verduras sea menos atractiva.
  • Suministre porciones que contengan de 2 a 3 cucharadas de frutas y verduras, más o menos 4 porciones diarias.

La cantidad de frutas y verduras consumidas al día fluctuará entre 2 cucharadas y dos pocillos según la talla y el gusto del bebé por ellas. Se puede aumentar gradualmente la regularidad de los alimentos ofrecidos a medida que el bebé los tolere.

Se le pueden poner al bebé pequeñas cantidades de comida en las manos, pero evite los alimentos como trozos o pedazos de manzana, uvas, perros calientes, salchichas, mantequilla de maní, palomitas de maíz, nueces, granos, dulces redondos y pedazos duros de verduras crudas que pueden causar ahogamiento.

Las verduras blandas cocidas, las frutas lavadas y peladas, las galletas integrales, las tostadas delgadas y los tallarines son alimentos que el bebé puede recibir en las manos. No se recomiendan las comidas saladas y/o azucaradas. Los alimentos para la dentición, tales como las tiritas de tostada, las galletas simples, el pan ácimo y los bizcochos para la dentición también pueden empezar a introducirse en esta etapa.

DE 8 A 12 MESES DE EDAD

En esta edad, la leche materna o de fórmula se debe suministrar de 3 a 4 veces al día. La Academia Estadounidense de Pediatría no recomienda la leche de vaca para niños menores de un año.

A los 8 a 12 meses de edad, el bebé está listo para ingerir carne desmechada o finamente picada. A los bebés lactantes, empiece a darles carne a los ocho meses (la leche materna no es una fuente alimenticia rica en hierro, pero los bebés tienen reservas de hierro adecuadas que les alcanzan hasta los 8 meses, edad en la cual se pueden suministrar alimentos ricos en hierro como las carnes).

Como sucede con otros alimentos, ofrézcale al bebé sólo un nuevo tipo de carne por semana, en porciones de 3 ó 4 cucharadas, usando carne molida o finamente picada, salchichas o carne desmechada. Los tamaños de las porciones de frutas y verduras aumentan de 3 a 4 cucharadas, cuatro veces al día. Los huevos se pueden suministrar de 3 a 4 veces por semana, pero sólo la yema hasta cuando el bebé cumpla un año, pues algunos niños son sensibles a la clara de los huevos.

Al año de edad, la mayoría de los bebés ya han dejado el biberón; pero si todavía lo toma, éste debe contener sólo agua.

UN AÑO DE EDAD

Después de que el bebé cumple un año, la leche entera puede reemplazar la leche materna o de fórmula. A los niños menores de dos años no se les debe suministrar leche baja en grasa (al 1 ó 2%, o desnatada) porque necesitan las calorías adicionales de la grasa para garantizar un adecuado crecimiento y desarrollo.

A los niños menores de un año no se les debe suministrar leche entera, ya que se ha demostrado que produce conteos sanguíneos bajos. Sin embargo, se les puede suministrar queso, requesón y yogur en pequeñas cantidades.

El niño de un año de edad ya debe estar obteniendo gran parte de su nutrición de las carnes, frutas y verduras, panes y granos, y de los productos lácteos, especialmente la leche entera.

Suministrar una gran variedad de alimentos ayudará a garantizar que se reciban suficientes vitaminas y minerales. Los niños pequeños no crecen tan rápido como los bebés, por lo que sus necesidades nutricionales relativas a la talla disminuyen durante el segundo año de vida y, aunque siguen aumentando de peso, no lo duplican, como lo hacen los bebés.

Sin embargo, tenga en cuenta que los niños pequeños se están volviendo cada vez más y más activos, a medida que aprenden a gatear y a caminar. Los niños pequeños y los que empiezan a caminar por lo general comerán sólo pequeñas cantidades a la vez, pero lo harán con frecuencia (de 4 a 6 veces diarias) durante todo el día, así que se aconseja encarecidamente tomar refrigerios.

Consejos para la alimentación:

  • El suministro de alimentos sólidos a muy temprana edad no es recomendable y puede ocasionar sobrealimentación.
  • Ofrezca sólo un alimento nuevo a la vez y hágalo durante unos pocos días. Esté atento a las reacciones alérgicas (urticaria, vómitos, diarrea).
  • No suministre alimentos sólidos en el biberón.
  • Si al bebé no le gusta el nuevo alimento, intente dárselo nuevamente más tarde.

SEGURIDAD DURANTE LAS HORAS DE LAS COMIDAS

  • Alimente al bebé directamente del recipiente sólo si usa todo el contenido, de lo contrario, utilice un plato para evitar la contaminación con enfermedades transmitidas a través de los alimentos.
  • Los recipientes de comida para bebé destapados se deben cubrir y conservar en el refrigerador, máximo dos días.
  • Utilice una cuchara pequeña para alimentar al bebé.
  • Evite los alimentos que puedan atragantar al bebé, como palomitas de maíz, nueces, papitas fritas, almendras, bayas, uvas, perros calientes, verduras crudas, uvas pasas y hojuelas de cereal.

OTROS CONSEJOS

  • Se le puede ofrecer al bebé agua entre las comidas.
  • No se recomienda ofrecer dulces ni bebidas endulzadas, porque hacen perder el apetito y contribuyen a la caries dental.
  • No se recomiendan la sal, el azúcar ni los condimentos fuertes.
  • No se recomiendan los productos que contengan cafeína (bebidas gaseosas, café, té o chocolate).
  • Un bebé hiperactivo o melindroso puede necesitar atención, en vez de comida.

NIÑOS MAYORES

Durante toda la infancia y la adolescencia, es importante que la dieta incluya una variedad de alimentos para un adecuado desarrollo. Los principios de la pirámide de los grupos básicos de alimentos se aplican tanto para la alimentación de los niños como para la de los adultos, aunque obviamente la cantidad y el número de porciones diarias son menores para los niños.

Después de los dos años de edad, se recomienda que la dieta sea moderadamente baja en grasa, ya que las dietas altas en grasa pueden contribuir a que se presente cardiopatía, obesidad y otros problemas de salud posteriormente en la vida.

Se recomiendan los suplementos de fluoruro en áreas donde el agua no es fluorada. Una dieta que contenga una variedad de alimentos de cada uno de los grupos básicos de alimentos (panes y granos, carnes, frutas y verduras, y productos lácteos) ayudará a prevenir deficiencias nutricionales.

Organizaciones como la Asociación Médica Estadounidense (American Medical Association) y la Asociación Dietética Estadounidense (American Dietetic Association ) recomiendan que los niños saludables obtengan todos los nutrientes de los alimentos en lugar de suplementos vitamínicos.

Los nutrientes que tienen la mayor posibilidad de ser deficientes en la dieta de un niño son: el calcio, el hierro, la vitamina C, la vitamina A, el ácido fólico y la vitamina B6. La Academia Estadounidense de Pediatría (American Academy of Pediatrics ) no respalda los suplementos vitamínicos de rutina para niños normales y saludables; sin embargo, no hay un riesgo significativo si un padre desea suministrarle a su hijo una multivitamina pediátrica estándar.

Los niños que no consumen o que consumen insuficientes productos lácteos presentan un riesgo particular de deficiencia de calcio que puede interferir con el desarrollo y crecimiento de los huesos. Entre los alimentos que son buenas fuentes de calcio están la leche descremada o baja en grasa, el yogur y los quesos. Otros alimentos como el brócoli, las verduras cocidas y el salmón enlatado (con huesos) también brindan una fuente de calcio en la dieta; sin embargo, a menudo es difícil lograr que los niños consuman cantidades adecuadas de estos alimentos.

Los requerimientos de hierro varían de acuerdo con la edad, la tasa de crecimiento, las reservas de este elemento, el aumento del volumen sanguíneo y la tasa de absorción de las fuentes alimenticias. Las adolescentes tendrán mayores necesidades de hierro debido a las pérdidas menstruales. Las fuentes de hierro incluyen la carne de res, el pescado, la carne de aves, los cereales fortificados con hierro, las espinacas, las legumbres y las arvejas secas.

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