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04
febrero
2013

la importancia de la educación bilingüe

os expertos aseguran que aprender idiomas es un factor decisivo en el desarrollo intelectual de los niños.

Es una cálida mañana de agosto en un aula con vistas al río Hudson, en Nueva York. Un grupo de niños de 3 años unta virutas de chocolate en bolas de arroz mientras su maestra imparte la clase en riguroso chino mandarín.

Este es uno de muchos juegos educativos que se imparten en el campamento de iniciación  lingüística organizado por Bilingual Buds, una escuela primaria en la que se imparten todas las asignaturas en chino y en español a niños a partir de los 2 años de edad.

Es bien sabido que dominar un segundo idioma puede ser el factor decisivo a la hora de entrar en una universidad prestigiosa y un buen aderezador de currículos. Lo que no se sabía hasta ahora es que el uso periódico de otro idioma a nivel avanzado contribuye significativamente al desarrollo del cerebro durante los primeros años de vida.

Según diversos estudios, el conocimiento profundo de dos o más idiomas mejora sustancialmente diversas capacidades intelectuales, como hacer caso omiso a las distracciones para mantener la concentración; elegir entre dos o más alternativas o descartar la información irrelevante. Estas destrezas esenciales conforman, en términos neurológicos, la llamada función ejecutiva del cerebro. Según diversas investigaciones, esta función se desarrolla prematuramente en los niños bilingües y se manifiesta con claridad en niños de tan solo 3 o 4 años de edad. Aunque aún no se ha identificado el mecanismo exacto a partir del cual el bilingüismo dispara el desarrollo cerebral, esta ventaja podría derivarse de la continua necesidad del niño de seleccionar el idioma más apropiado para cada situación. Según la profesora Ellen Bialystok, de la Universidad de York en Toronto, este continuo proceso de selección supone un vigoroso ejercicio mental que requiere una serie de procesos más avanzados que los necesarios en el habla monolingüe. Bialystok, una líder en esta disciplina científica, ha bautizado esta gimnasia cerebral adicional como “reserva cognitiva”.

La educación bilingüe es común en muchos países y empieza ahora a extenderse en Estados Unidos. En este país ya hay 440 escuelas primarias (en 1970 no había ninguna) que ofrecen cursos de iniciación al español, mandarín y francés, en ese orden de popularidad.

Los padres cuyos hijos de 3 años no puedan leer a Tolstoi en su idioma, el ruso, podrán encontrar consuelo en las investigaciones del profesor Tamar Gollan, de la Universidad de California en San Diego. Gollan ha descubierto que existe una diferencia sustancial de vocabulario entre los niños que hablan un solo idioma y aquellos que hablan dos o más. Por lo general, cuantos más idiomas se hablan, menor es el vocabulario empleado en cada uno de ellos. Aunque Gollan ha detectado que ese diferencial se va estrechando a medida que el niño crece, parece que los niños bilingües nunca llegan a abarcar la riqueza léxica que los monolingües de su misma edad.

La práctica, el mejor método.

En todo caso, el doctor Gollan asegura que le regla de oro para mejorar en cualquier idioma es la práctica pura y dura. “Cuanto más uses tu idioma, mejor lo hablarás –asegura–. Los exámenes de vocabulario, los SAT y los GRE, ponen a prueba los límites de las capacidades lingüísticas de los muchachos, y es ahí donde se aprecia claramente que los estudiantes bilingües tienen la desventaja de que, aunque pueden identificar conceptos, no encuentran las palabras para expresarlos”.

Gollan cree que este déficit se puede compensar con horas de estudio adicionales. Bialystok apunta que aún está por determinar si el bilingüismo guarda alguna relación con otros aspectos cognitivos propios de la infancia, especialmente con los trastornos de atención. Dado que el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) está relacionado con problemas de función ejecutiva, no está claro el impacto que podría tener el aprendizaje de un segundo idioma (que requiere, precisamente, de esas destrezas ejecutivas) con dicho trastorno. La respuesta a esta cuestión se sigue investigando.

Naturalmente, las ventajas mentales más valiosas del bilingüismo no son en absoluto mensurables. Hablar más de un idioma supone convivir en dos esferas de conciencia que abren la mente a más de una cultura o forma de vida. Además, los bilingües parecen tener más destreza para aprender nuevos idiomas que los monolingües. La escritora Clarisse Lehmann pasó su primera infancia en Suiza hablando francés. A los 6 años aprendió inglés. Más adelante aprendió español, alemán y, durante los tres años que pasó en Tokio, japonés. Y cada idioma tiene sus peculiaridades. “El humor inglés tiene una ironía que no se expresa de la misma manera en francés –asegura–. Y en japonés no existe el sarcasmo. Cuando he intentado ser sarcástica creaba situaciones de perplejidad, nadie me entendía”. Con cinco idiomas dominados, y un conocimiento funcional del latín y el griego, Lehmann cree que ya sabe suficientes idiomas. “¡Ya está bien! –dice– No quiero aprender ningún idioma más”.

Autor: Enrique Muñoz

Categoría: Actualidad infantil