DESARROLLO DE LA EMPATÍA EN NIÑOS PEQUEÑOS

DESARROLLO DE LA EMPATÍA EN NIÑOS PEQUEÑOS

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Siempre se ha entendido como empatía la capacidad de ponernos en el lugar de los demás, de saber qué emociones sienten, qué sentimientos tienen hacia nosotros y hacia otras personas. La empatía tiene un componente neurofisiológico (con una gran importancia del desarrollo de las recien descubiertas neuronas llamadas espejo o de imitación), y por tanto tiene un componente cognitivo (ponerse en el lugar de los demás mediante razonamiento) y emocional (ser capaz de sentir lo que otra persona siente). La importancia de esta función es crucial ya que sin ella no hubiésemos sobrevivido como especie. Es también importante ser conscientes de que esta empatía se desarrolla más o menos en el individuo dependiendo del tipo de educación que tenga, por eso es importante fomentar el desarrollo de habilidades sociales desde pequeñitos,. Hasta los siete años el cerebro de los niños establece las conexiones  celulares a un ritmo rapidísimo, todas las experiencias que adquiera durante estos primeros años determinarán su capacidad de enfrentar-se a las situaciones vitales.
A partir de los lazos y vínculos emocionales que se van tejiendo en la familia y de los intercambios que tienen lugar desde el nacimiento, se va transmitiendo y desarrollando la competencia de la empatía.
Nuestra forma de escuchar  a nuestros hijos, de jugar con ellos, de reconfortarles y de tratarles influirá en su forma de relacionarse con los otros, de afrontar los problemas y de gestionar sus emociones. Si nosotros somos empáticos con ellos, favoreceremos que ellos sean empáticos con los demás.
Cuando un bebé llora y los padres lo atienden con amor y cariño (sintonizan con su emoción) se crea un vinculo de seguridad y confianza (el comprende que sus necesidades son comprendidas y atendidas). Si ignoramos su llanto crearemos sentimientos de inseguridad y baja autoestima que determinaran sus reacciones futuras.
Para tener empatía es necesario aprender a distinguir en los demás cuando se encuentran: conmovidos, tristes, aburridos, alarmados, cariñosos, angustiados, alterados, compasivos,… Los padres podemos ayudarles nombrando las emociones que vemos en ellos y explicándoles comportamientos de otros desde un punto de vista emocional. Una buena forma de hablar de las emociones ajenas es a través de cuentos y películas.
Otra forma de desarrollar habilidades sociales es a través del juego. Cuando a partir de los 4 años empiezan a jugar en grupo, empiezan a ocupar el lugar de otro (juegan a maestros, médicos, piratas,…), y empiezan también a observar el comportamiento y las emociones de los otros niños para poder organizar el juego. El adulto puede ayudar en las situaciones de conflicto que van surgiendo, verbalizando emociones y ayudándoles a entender cómo se sienten ellos mismos y los otros.